martes, 29 de marzo de 2016

Las redes sociales: entre el poder, la libertad de expresión, la difamación y la disputa por la opinión pública



¿Qué son las redes sociales? Un poder subestimado o sobreestimado, el último reducto de la libertad de expresión, un gran avance para la humanidad, una alcantarilla en la que desfoga lo peor delos seres humanos, un escenario de disputa de la opinión pública, un gueto ideológico donde no se promueve una visión crítica sino una lucha simbólica entre el bien y el mal, entre héroes y villanos?

En su informe semanal, el pasado sábado, el presidente Rafael Correa, con 2’621.000 seguidores en Twitter, reconoció que las redes sociales son un gran avance para la humanidad, pero que también es una herramienta aprovechada por gente deshonesta que busca hacer daño.

Semanas atrás, tras la derrota en el referéndum convocado por el oficialismo en Bolivia, el presidente Evo Morales atribuyó a una guerra sucia en las redes sociales como uno de los factores que influyó en el resultado negativo. “Las redes sociales son como si todo se fuese por la alcantarilla”, dijo el líder socialista en una entrevista con el diario El País.

A mediados de 2015, el escritor y filósofo italiano Umberto Eco criticó fuertemente a Internet, particularmente acusó a las redes sociales de haber generado una “invasión de imbéciles” ya que dan el derecho de hablar a legiones de idiotas.

El drama de Internet es que ha promovido al tonto del pueblo al nivel de portador de la verdad”, dijo Eco, quien falleció el 20 de febrero de 2016, a los 84 años, e hizo una invitación a los medios a “crear un filtro de información con un equipo de especialistas en Internet, porque nadie es capaz de entender hoy en día si un sitio es de confianza o no”.

¿Cuál es el verdadero poder de las redes sociales?

La catedrática española, radicada en Ecuador, Palmira Chavero considera que si bien las redes sociales han roto el monopolio de los grandes medios convencionales, acercando a los ciudadanos al poder y tienen un innegable poder de movilización, sin embargo, el problema es identificar quienes están detrás de los rumores.

“Es innegable la idea del rumor, por supuesto: tú lanzas un rumor en redes sociales y el problema es que ahí queda. El problema con las redes sociales es identificar la veracidad de la información y quién está detrás. El día de hoy es muy fácil comprar seguidores en Twitter, eso también desvirtúa el poder de las redes sociales”, dijo.

La investigadora Esther Solano, catedrática de la Universidad de Sao Paulo, coincide en reconocer el factor de movilización de las redes sociales, pero señala que el carácter negativo de estas es la simplificación del debate político y su utilización como medio para difundir rumores.  “Todo el mundo difunde titulares sin saber si son verdad o si se tratan de rumores. La gente va compartiendo todo eso y no tiene tiempo para hacer una verdadera reflexión.

“Las redes sociales son guetos ideológicos, pues los amigos que tenemos allí suelen ser los que piensan parecido a nosotros. Así que en lugar de discutir e intercambiar ideas, te encuevas dentro de tus propias ideas y en el círculo de los que piensan igual que tú, y el debate no avanza. Cuando sí hay debate, viene cargado de odio. Aunque sean una plataforma política, las redes sociales desgraciadamente tienen esta característica: empobrecen las discusiones y las hacen muy polarizadas”, dijo Solano a la agencia pública brasileña EBC.

Valeria Puga, master en Ciencias Internacionales por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso) y licenciada en Comunicación Social por la Universidad Central del Ecuador, sostuvo que una de las características de las élites de la región es operar a través de los medios de comunicación y deslegitimar la variable del conflicto, necesario como una disputa política del pueblo frente a una historia de vejación.

Lesionar más que construir

El catedrático ecuatoriano Hernán Reyes sostiene que las redes son una herramienta que no permite profundizar el debate, pero que es efectiva a la hora de destruir.

“Son aparatos o dispositivos más para lesionar la imagen que para convocar o para construir discurso. Por su propia naturaleza, en 140 caracteres no se puede generar, por más que se lance un tuit, y después otro tuit, y otro tuit, son elementos cortados, de muy fácil asimilación, pero que finalmente no termina de construir una narrativa coherente sobre algún tema en particular. Sin embargo, en 140 caracteres uno sí puede lesionar de manera efectiva la imagen de una persona”, planteó.

Reyes, licenciado en Ciencias Políticas y Master en Análisis de Género y Desarrollo por la Universidad East Anglia de Inglaterra, señala a las redes sociales como un escenario de disputa de la opinión pública, pero fundamentalmente para construir imaginarios negativos sobre alguien.

Precedente

El debate continúa. Muchos de quienes se refugian en las redes sociales apelan al ataque y la difamación, escudados en la supuesta libertad de expresión, sin embargo, recientemente la Corte Constitucional de Colombia emitió una resolución que podría sentar precedentes sobre el límite a la libertad de expresión y el respeto al buen nombre de las personas.

El máximo organismo constitucional colombiano resolvió que la libertad de expresión, con sus límites y protecciones, también aplica para Facebook y las redes sociales en internet.

Un artículo de diario El Espectador califica esta resolución como una sentencia que marca un precedente “necesario y esencial”. “A medida que los colombianos trasladan aspectos esenciales de sus interacciones con otras personas a esos espacios, no tiene ningún sentido que haya quien crea que la falta de regulación implica una carta blanca para difamar y publicar lo que sea sin preguntarse eso cómo afecta los derechos de otros”.

Lo más interesante de la sentencia de la Corte, señala El Espectador, es que por fin reconoce que las redes sociales son espacios públicos donde los derechos de las personas se encuentran con alta probabilidad de ser violados. El medio celebra que el alto tribunal haya dicho que “Entre redes sociales y medios de comunicación (…) en la evaluación del correcto ejercicio de la libertad de expresión las reglas aplicables son las mismas para ambos”.

Libertad versus responsabilidad

Se ha hablado bastante sobre la libertad. Se ha llegado a decir que la libertad de expresión no tiene límites. El sentido común indica que la responsabilidad es inherente a la libertad porque si no se viviría en una verdadera anarquía (Ausencia de poder público).

Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua -en su primera acepción- libertad es la facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos. También: 5.- Facultad que se disfruta en las naciones bien gobernadas de hacer y decir cuanto no se oponga a las leyes ni a las buenas costumbres. 8.- Contravención desenfrenada de las leyes y buenas costumbres.

El artículo 13 de la Convención Interamericana de Derechos Humanos (Libertad de pensamiento y expresión), numeral 2, señala que el ejercicio de la libertad de expresión no puede estar sujeto a censura previa sino a responsabilidades ulteriores, las que deben ser expresamente fijadas por la ley y ser necesarias para asegurar: a) el respeto a los derechos o la reputación de los demás, o la protección de la seguridad nacional, el orden público o la salud o la moral públicas.



jueves, 29 de enero de 2015

La libertad de expresión sí tiene límites: el respeto a la dignidad y el buen nombre de las personas

En esta caricatura (dic. 2013), el dibujante Xavier Bonilla (alias Bonil) afirmó que dos instituciones del Estado allanaron un domicilio y se llevaron denuncias de corrupción, lo cual nunca fue comprobado.

Me inquieta la idea de vivir en un país donde quienes se supone deben orientar a la opinión pública en nombre de la libertad de expresión promueven la cháchara, el insulto, la insidia, el rumor, el cuchicheo como norma de (dudosa) convivencia en la sociedad.

¿Qué se fomenta con esto? El irrespeto, la calumnia, la blasfemia, el embuste, el primitivismo … ¿Es este el país que queremos heredar a nuestros hijos? Estoy convencido que la respuesta es un rotundo NO.

Se ha comentado mucho sobre la libertad de expresión tras el ataque al semanario francés Charlie Hebdo y muchos nos solidarizamos con los caricaturistas asesinados diciendo Je Suis Charlie. Pero el hecho generó también un debate sobre los límites de la libertad de expresión.

Incluso el papa Francisco –en su legítimo ejercicio de la libertad de expresión- dijo que la libertad de expresión es un derecho y una obligación que debe utilizarse sin ofender, lo que le valió la excomulgación por parte de los dioses del periodismo –en Ecuador y en el mundo- que se valen de este derecho como alcahuetería para sus más bajas pasiones.

El papa Francisco afirmó que asesinar en nombre de Dios es una "aberración", pero insistió en que "la libertad de expresión" no da derecho a "insultar" la religión del prójimo.

Casi paralelamente a esta declaración del líder espiritual y moral de la Iglesia Católica, un grupo de caricaturistas ecuatorianos, con Xavier Bonilla, alias, Bonil a la cabeza, en un comunicado defendían su derecho a blasfemar y a reír.

Los caricaturistas se solidarizaron con “los periodistas y medios que sufren ataques del fanatismo, del odio político y del revanchismo social”. Por si la memoria es frágil les recuerdo que Bonil es uno de los dibujantes que casi todos los días refleja su odio político al gobierno (lo que caracteriza a la línea editorial del diario que le paga el sueldo) y que en una caricatura se burló de las dificultades de lectura de un legislador de origen afroecuatoriano.

Se ha hablado bastante sobre la libertad. Se ha llegado a decir, como si fuera una verdad absoluta, que la libertad de expresión no tiene límites. El sentido común nos indica que la responsabilidad es inherente a la libertad porque si no viviríamos en una verdadera anarquía (Ausencia de poder público).

Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua, en su primera acepción libertad es la facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos

También: 5.- Facultad que se disfruta en las naciones bien gobernadas de hacer y decir cuanto no se oponga a las leyes ni a las buenas costumbres. 8.- Contravención desenfrenada de las leyes y buenas costumbres.

Como se puede notar, e insisto en que el sentido común también lo indica, no podemos vivir en un libertinaje bajo el pretexto de la libertad de expresión y en el caso de Ecuador, es hasta chistoso, porque quienes se llenan la boca con la libertad de expresión son intolerantes, en cambio, con las opiniones de los otros (Martín Pallares: el papa nos ha fallado).

Y estas supuestas prerrogativas para insultar y denigrar a todo el mundo en nombre de la libertad es defendida fervientemente con el pretexto de que la libertad no tiene límites. Pues, sí los tiene.

El artículo 13 (Libertad de pensamiento y expresión), numeral 2 señala que el ejercicio de la libertad de expresión no puede estar sujeto a censura previa sino a responsabilidades ulteriores, las que deben ser expresamente fijadas por la ley y ser necesarias para asegurar: a) el respeto a los derechos o la reputación de los demás, o la protección de la seguridad nacional, el orden público o la salud o la moral públicas.

Bonil se queja sobre la supuesta falta de libertad de expresión, pero sus viñetas habitualmente, y de forma libre, van dirigidas a ridiculizar al gobierno, específicamente al presidente Rafael Correa.

El profesor Javier Darío Restrepo, periodista experto en ética periodística, respondió una consulta sobre los límites éticos de la libertad de expresión, que le plantee días atrás a propósito de los lamentables hechos de París.


“Es un límite que no señala ley alguna porque lo traza la conciencia de cada uno, guiada por su sensibilidad y apertura hacia el otro”, dice Restrepo.

El profesor, catedrático de la Universidad de los Andes y conferencista en temas de comunicación, sostiene que es explicable el rechazo a la posibilidad de que se les fijen límites a libertades como la de expresión e información, cuando se da por aceptado que ser libre es hacer lo que uno quiera; una idea distinta de la otra: ser libre es hacer lo que uno debe hacer sin que nadie se lo impida. En la primera, el capricho personal adquiere carta blanca; en la segunda el sujeto del derecho se guía por su relación con el otro.

La información es un servicio público

Restrepo no tiene problema en admitir que la información es un servicio público –como lo ha mencionado en innumerables ocasiones el presidente de Ecuador y que ha recibido el rechazo, en muchos casos, y la ridiculización, en otros.

“La libertad de expresión que elimina todos los obstáculos para decir o escribir lo que uno quiera resulta tan absurda como la que pretendía tener un taxista que reaccionó cuando su pasajero le pidió apagar el cigarrillo que acababa de encender: “estoy en mi taxi y aquí hago lo que me dé la gana y lo echo a usted si me da la gana”. Los periodistas que reprodujeron y rechazaron la escena, pueden estar defendiendo su libertad sin límites sin caer en la cuenta de su cercanía al taxista en cuestión. Tanto el taxista como el periodista son servidores públicos; el taxi es de servicio público, lo mismo que la información y el medio de comunicación que, aunque propiedades personales, están al servicio del público, lo que impide que puedan ponerse al servicio particular del taxista o del periodista” ejemplifica Restrepo.

Se comprende así en el caso del taxista, pero no aparece tan obvio en el caso del periodista que maneja un bien social, que es la información, y presta un servicio social, añade el maestro quien también se ha desempeñado como columnista de los diarios El Tiempo, El Espectador, El Colombiano y El Heraldo.

Y explica que la información del periodista es para el receptor, por tanto tiene en cuenta las necesidades del receptor y, desde luego, sus derechos. Tiene derecho a que le digan la verdad, a que se respete su intimidad, a no ser ofendido.

Esto no obsta para que se controviertan sus ideas, se sometan a crítica sus creencias, con razonamientos, con humos, con fantasías, recursos estos que descartan la burla y la ofensa. Es una afirmación elemental pero indispensable: no existe ni el derecho, ni la libertad para ofender, ni para hacer daño a las personas.

Restrepo cita a Julián López de Mesa (en la columna Los límites de la libertad. El Espectador 14/01/2015) quien escribe que: “en el centro de todo, en el ojo de la tormenta, una idea flota pero ya no la comprendemos, ya no sabemos lo que significa y nos asusta, nos fastidia pues la creíamos superada. Pero esa palabra que ya nadie usa es base del respeto y la convivencia (a la que me refería en el inicio) en estos tiempos de ruido, de confusión. En esta torre de Babel de la edad de las comunicaciones la palabra clave, creo yo, es compasión. La compasión no es otra cosa que la capacidad de sentir empatía por los otros, de tratar de ponerse en la piel ajena. Y ¿por qué ha de hacerse? Por las infinitas veces en que hemos deseado que otros hiciesen lo mismo por nosotros. Porque la compasión es la madre del respeto por la experiencia de la vida ajena, porque es la forma cómo podemos medirnos y autorregularnos frente a los demás”.

Entonces, volviendo al planteamiento inicial: ¿Cuáles son los límites de la libertad de expresión? O ¿quién ha de imponer esos límites y de qué dependen? Creo que dependen de nosotros mismos, los columnistas, caricaturistas, locutores, actores, periodistas, editores y en general aquellos que usamos este gran poder de los medios y a quienes nadie controla. La verdad es que no siempre lo hacemos con responsabilidad, pues aun cometiendo errores, somos incapaces de dar ejemplo y reconsiderar, parar y, de ser necesario rectificar, concluye López de Mesa.

jueves, 13 de noviembre de 2014

El doble estándar de Ecuavisa: sensible con los banqueros, estigmatizante con los humildes

Recientemente me llamó poderosamente la atención la sensibilidad del canal privado Ecuavisa ante un video ordenado por la Secretaría de Comunicación que hacía una representación de la libertad acosada por un grupo de banqueros y empresarios de la información (dueños de medios).

Si bien, Ecuavisa transmitió la pieza comunicacional (el lunes 10 de noviembre), antes de su difusión emitió un mensaje de rechazo e incluso amenazó al funcionario competente que ordenó la publicación.

"Este canal considera que su contenido intenta polarizar a la opinión pública estigmatizando negativa y deliberadamente a varios sectores de la sociedad", indicó Ecuavisa.

Esos “varios sectores de la sociedad” que menciona el canal propiedad de Xavier Alvarado Roca, amigo del banquero aspirante a presidente Guillermo Lasso, y de la rancia oligarquía de Guayaquil, no son otros que banqueros y propietarios de medios, sectores que tradicionalmente se han hecho favores y se han cuidado las espaldas, mutuamente.

No fue necesario hacer un ejercicio de memoria para recordar que el 18 de mayo de este año, el Canal del Cerro, a través de su programa estrella, “de investigación”, Visión 360, calificó a toda una población, Muisne (casi 30.000 habitantes), con el calificativo de “la isla del terror”, estigmatizando, ahí sí, a un sector de la sociedad, que no por humilde –y de origen negro- sea menos respetable.

Ecuavisa promocionó el reportaje de Hernán Higuera como una investigación sobre la situación del cantón esmeraldeño tras el asesinato de Walker Vera, alcalde electo que no pudo asumir su cargo.

Lo más grave del asunto es que pese a reiteradas solicitudes de rectificación y rechazo, ni Ecuavisa ni la presentadora Tania Tinoco tuvieron la decencia de ofrecer disculpas por la –a todas vistas- ofensas a la población afro. El canal simplemente borró el promocional. Tania Tinoco…silencio.

Días después (27 de mayo), y tras el reiterativo reclamo de la gobernadora de Esmeraldas, Paola Cabezas, Ecuavisa emitió su rectificación y excusas.

Por estas contradicciones, choca escuchar al record Guinness, Alfonso Espinosa, arguyendo que el mensajede la SECOM no es información sino un “mensaje dramatizado con una intención” y que pretende “polarizar a la opinión pública estigmatizando negativa y deliberadamente a varios sectores de la sociedad”. 

¿Y los 30.000 habitantes de Muisne? ¿Por ser negros y humildes, y no ser amigos del dueño de Ecuavisa, no importa que se los estigmatice?

El escandaloso promocional de Visión 360 tampoco es información, es empaquetar la información como un espectáculo con el objetivo de acaparar raiting: es decir, puro y simple amarillismo.

El lenguaje sigue siendo uno de los principales instrumentos de la violencia simbólica. Las palabras y los conceptos se utilizan conscientemente para violentar la capacidad cognitiva de las grandes masas de la población, para confundir las mentes, y en última instancia para imponer significados que se contradice con la realidad, decía el catedrático de comunicación Víctor Romano (citado en el libro Medios Violentos, del periodista español Pascual Serrano).

@relicheandres

lunes, 29 de septiembre de 2014

30-S- La memoria, el mejor antídoto contra el cinismo

La leyenda en la placa de Froilán Jiménez luce descolorida cuatro años despues de su absurda muerte. / Foto: Andrés Reliche

El tráfico es intenso en este sector de Quito donde se levanta el hospital de la Policía Nacional, las antiguas y las nuevas oficinas de Criminalística, un bloque de edificios de consultorios médicos y el Regimiento Quito #1.

Los transeúntes transitan apresurados para no llegar tarde a sus destinos. En un muro que separa los carriles de la Avenida Mariana de Jesús y que conecta la avenida Occidental con la citada vía están dos placas, una con el nombre de Jacinto Cortez y otra de Froilán Jiménez.

Un niño de unos nueve años de edad hala el brazo de su mamá –que como todos camina apresurada- y apunta hacia la placa de Cortez: “ese es el soldado que murió por rescatar al presidente”, le dice.

No alcancé a escuchar, por el ruido de los vehículos que circulan por el sitio, lo que le respondió la mamá al chico, pero me hizo reflexionar –como lo hago cada vez que paso y veo cierta indiferencia de los transeúntes en dicho lugar- que el tiempo no siempre borra los recuerdos. Y que hay hechos que quedan latentes como heridas abiertas en la memoria.

Y pienso en esos hombres que murieron, efectivamente, en un operativo para rescatar al presidente Rafael Correa (elegido democráticamente en noviembre de 2006) que estuvo retenido por horas en uno de los pisos del Hospital de la Policía Nacional. Y pienso en sus familias, en sus madres, en sus esposas, en sus hijos, en sus amigos. Pienso en sus sueños, y en su patriotismo. Y como en un encadenamiento natural, pienso en el cinismo.

Sí. En el cinismo de quienes se empeñan en asegurar que el 30-S no pasó nada. Que la culpa es del presidente por –como es su estilo- enfrentar directamente los problemas, sin intermediarios. Que por qué se fue a meter en la boca del lobo, dicen. Que por qué ningún policía insubordinado hizo caso al llamado del presidente Correa de que le peguen un tiro (pero que no jueguen con la democracia). Que la culpa es del oficialismo por no socializar el contenido de la Ley de Servicio Público (que según la versión de la oposición amplificada por ciertos medios privados perjudicaba los bonos y beneficios de la Policía Nacional y las Fuerzas Armadas).

El cinismo de quienes a las 11:00 en pleno frenesí de violencia de policías que se sublevaron contra sus mandos superiores (y parecían obedecer órdenes que apuntaban al caos organizado) exigían la renuncia del presidente de la República.

El cinismo de quienes antes del mediodía ya exigían la amnistía para los involucrados en los sucesos de triste recordación que dejaron muertes inocentes y absurdas. El cinismo de un grupo de diputados y diputadas de oposición que se reunieron en un hotel de la zona turística de Quito y embriagados se presentaron a una rueda de prensa para apoyar el pedido de amnistía.

El cinismo de quienes preguntan una y otra vez ¿quién ordenó disparar? Como para desviar la atención de los verdaderos responsables de tanta estupidez disfrazada de reclamo salarial.

Sin embargo, el coronel Luis Castro, comandante de las Fuerzas Especiales, que participó en el operativo de liberación del presidente Correa, dijo a la Televisión Pública que fueron recibidos por francotiradores apostados en el hospital en el que se encontraba el gobernante y otros dignatarios del Estado.

Pienso en el cinismo de quienes rompiendo puertas irrumpieron en la Televisión Pública supuestamente para que se los escuche.

En el cinismo de quien, valiéndose de su (entonces) inmunidad parlamentaria se atrevió a presentar una denuncia penal donde aseguraba que el Jefe de Estado había salido del hospital de la Policía para trasladarse a un recinto cercano y que luego se había vuelto a meter a la casa de salud para fingir un secuestro.

El cinismo de un sujeto que, parapetado en su condición de (supuesto) periodista advirtió al Presidente que sería juzgado por cometer un delito de lesa humanidad (un informe de la Cruz Roja Internacional estableció que el 30-S no se registró ningún delito que cayera en esa figura).

El cinismo de quienes dicen que todo fue un show montado por el gobierno para victimizarse. Un informe de la Organización de las Naciones Unidas señala que los hechos registrados el 30-S significaron “una amenaza al orden constitucional y democrático”.

El cinismo de ciertos medios que ocultaron la movilización ciudadana que caminó desde el Palacio de Carondelet (en el centro de Quito, donde años atrás se echó a tres presidentes) hasta el hospital policial para rescatar y exigir la liberación del gobernante.

Fui testigo de varios hechos que hace que rechace el cinismo. Ví con mis propios ojos los impactos de fúsil en los vehículos que fueron parte del rescate del presidente Correa desde el Hospital, que junto al puente de la Mariana de Jesús y el edificio de Criminalística fue parte de los tres puntos de fuego activo desde donde se atacó vilmente a quienes pedían la liberación de Correa. 

La Comisión investigadora del 30-S determinó que desde los sitios citados arriba se produjo la mayor cantidad de volumen de fuego (de uno de estos puntos salieron los proyectiles que acabaron con la vida de Froilán Jiménez).

Fui el periodista que publicó los audios en los que en repetidas ocasiones se llamaba a matar a Correa "para que se acabe esto". Audios de la radiopatrulla policial en el que se exigía que "el man no sale vivo, que "maten a Correa y lo lleven a otro lado".
En uno de los pisos de este hospital estuvo retenido el presidente Rafael Correa el 30 de septiembre de 2010. 

La memoria es el mejor antídoto para el cinismo. Y vale no olvidar en estos días en que con otros pretextos (la supuesta desaparición del Instituto de Seguridad Social de las Fuerzas Armadas -ISSFA- y de la Policía -ISSPOL-) se quiere azuzar a los uniformados. Vale no olvidar en momentos en que un nefasto banquero, superministro de un nefasto gobierno, anda como loco en su intención de llegar a la Presidencia y nos advierte sobre una serie cucos (impuestos, falta de libertades, etc.). 

Vale no olvidar en momentos en que una organización política que lucró de la educación y que llevó al desastre a ese servicio público  pugna por retomar sus prebendas con oscuros fines. 

A cinco años de la revuelta policial del 30 de septiembre, la justicia ha sentenciado a 251 personas, de las cuales 179 han sido declaradas culpables y al resto se les ratificó la inocencia. Las investigaciones del Ministerio Público fueron extendidas en 19 de las 24 provincias ecuatorianas llegando a tramitar 74 casos. Entre ellos 41 aún están activos mientras que 11 están en indagación previa y tres en instrucción fiscal, según confirmó recientemente el fiscal Galo Chiriboga.

Actualmemente, la placa de Froilán Jiménez luce descolorida y solo es posible distinguir su rostro y su nombre. El de Jacinto Cortez, no tanto. La gente sigue pasando apurada quién sabe hacia qué destinos, Pero el niño que caminaba de la mano de su mamá una mañana soleada en Quito sí los recuerda. Yo también. No hay espacio para el cinismo. 

martes, 24 de junio de 2014

Balance preocupante: Inconsistencias, falta de rigurosidad y lugares comunes en informe de RSF sobre libertad de expresión en Ecuador

Este martes circuló un informe de la organización Reporteros sin Fronteras donde se exponen varios casos de supuestas agresiones a periodistas. Una lectura a vuelo de pájaro permite hallar inconsistencias en este informe que evidencian la falta de rigurosidad y de contrastación en el mismo. Por ejemplo, registrar como amenaza contra un reportero el hecho de que una persona permaneció de pie frente a su domicilio. O que otra persona le haya preguntado a este mismo periodista si su casa está en venta. Otra “agresión” registrada por RSF es que un tuitero que se caracteriza por su procacidad haya anunciado que se retiraba “del debate” en redes porque había sido amenazado. Este tuitero sigue campante, activo y continúa intrigando e insultando en nombre de la libertad de expresión.
Es vergonzoso que Reporteros sin Fronteras catalogue como “periodista de investigación” a un exsindicalista petrolero, asesor de un asambleísta de oposición -prófugo de la justicia- y activista político. Reporteros sin Fronteras no ha revelado en que se basó para determinar todos estos casos en la categoría de agresiones, de por sí otra exageración.
En su informe, RSF justifica que Ecuador haya mejorado 25 puestos en su clasificación mundial de la libertad de prensa debido a que otros países empeoraron y –de paso- advierte que la edición 2014 es retroactiva por lo que las “agresiones” mencionadas más arriba afectarán la edición 2015.
Reporteros sin Fronteras no se termina de poner de acuerdo sobre qué mismo pasa en Ecuador respecto a la libertad de expresión y cae en el simplismo de asignar los roles estereotipados: periodistas "libres e independientes", "oprimidos" -buenos-, gobierno "todopoderoso", "controlador", "represivo" -malo, malísimo-.
Y no se terminan de poner de acuerdo porque en la misma edición sobre la clasificación mundial de la libertad de expresión (febrero 2014), RSF afirmaba que la Ley -a la que ahora crítica-  es un arma legal frente a los medios de comunicación privados que con frecuencia son agresivos y se desprestigian entre ellos mismos.
En noviembre de 2013, Benoit Herviu, director para las Américas de Reporteros sin Fronteras, decía que en Ecuador existe polarización lo que no significa que no exista libertad de expresión y hacía una crítica directa a la organización a la que representa: que por muchos años no mostró los dos lados de la información (lo cual exime de cualquier comentario adicional).   



La información y el contenido multimedia, publicados por la Agencia de Noticias Andes, son de carácter público, libre y gratuito. Pueden ser reproducidos con la obligatoriedad de citar la fuente.http://www.andes.info.ec/es/noticias/medios-privados-ecuador-son-agresivos-desprestigian-entre-ellos-mismos-reporteros-sin

LA POLICÍA ALLANA LA CASA DE UN PERIODISTA DE INVESTIGACIÓN
La policía allanó violentamente y sin razón la casa de Fernando Villavicencio, periodista de investigación del portal digital Plan V; le confiscaron ordenadores, tabletas y teléfonos móviles. La medida fue ordenada por el Fiscal José Luis Jaramillo y el Juez de la Corte Nacional Jorge Blum. El periodista había publicado reportajes sobre casos de corrupción en los que estarían involucrados funcionarios. El presidente Rafael Correa afirmó al día siguiente que la Ley Orgánica de Comunicación justifica que las fuerzas de la policía recurran a la violencia.

BLOGUERO AMENAZADO EN TWITTER

El bloguero Carlos Andrés Vera, conocido en Twitter por su oposición al gobierno, anunció que dejaría de participar en el debate debido a que otro usuario de la red social lo amenazó con hacerle daño a su familia.
Carlos Andrés Vera sigue en twitter, sigue participando en “el debate”, sigue intrigando e insultando en nombre de la libertad de expresión.
Para aumentar el número de agresiones suma los casos de “descredito” de Martha Roldós, Juan Carlos Calderón y Cristian Zurita por su intención de crear una agencia de noticias.
Pone a Fernando Villavicencio, ex sindicalista petrolero, activista político como “periodista de investigación”.
Registra como amenazas el hecho de que hayan ido al domicilio de Juan Carlos Calderón a preguntar si estaba en venta. Registra como amenaza el hecho de que un individuo se haya parado frente a la casa de Juan Carlos Calderón.

IMPIDEN QUE UN PERIODISTA CUBRA UN EVENTO OFICIAL

Un periodista del diario La Hora fue expulsado violentamente de una reunión de funcionarios; destruyeron sus notas.
No dice que la reunión era privada y que el periodista se infiltró en la misma. Se basa solo en el testimonio del supuesto afectado para asegurar que le destruyeron sus notas.

CORREA, LOS MEDIODS ECUATORIANOS SON "CORRUPTOS Y MANIPULADORES"

En una cadena (enlace ciudadano núm. 368), Rafael Correa calificó a los medios de comunicación ecuatorianos de corruptos y manipuladores. Insultó directamente a algunos periodistas: Roberto Aguilar, del diario Hoy; Gonzalo Rosero, de Radio Democracia; el caricaturista Xavier Bonilla; Diego Oquendo, de Radio Visión; Simón Pachano, del periódico El Universo, y Fernando Villavicencio, del diario La Vanguardia.

Registra como agresión un criterio del presidente de la república en su libre ejercicio de la libertad de expresión. 

martes, 18 de febrero de 2014

El hombre del corbatín o el insólito caso del candidato que no votará ni por él mismo

A dos días del cierre de la campaña electoral, y en la víspera de la elección seccional del domingo 23 de enero donde los ecuatorianos deberán elegir a más de cinco mil dignidades (alcaldes, prefectos, presidentes de juntas parroquiales) los comicios adquirieron una característica que roza en el realismo mágico.

Estuve hurgando en la memoria para tratar de hallar un hecho que se le asimile al que voy a relatar, pero realmente no lo encontré. Se trata del pintoresco candidato a la alcaldía de Quito por Pachakutik, Milton Castillo, que había pasado desapercibido durante el periodo de campaña electoral, pero que este martes cobró notoriedad al pedir a los ciudadanos que voten por Mauricio Rodas, postulante del movimiento de centro derecha (más de derecha, realmente).

“Yo no he renunciado a mis principios, tengo profundas diferencias con el candidato Rodas, yo voy a votar por Rodas”, dijo Castillo a Ecuadorinmediato.

Incluso, Castillo, que se ha paseado por los barrios de Quito luciendo un singular corbatín (que hace recordar al no menos pintoresco candidato guayaquileño Humberto Mata), pidió a sus amigos que no voten por él, que voten por Mauricio Rodas.

“Yo votaré personalmente por Mauricio Rodas”, reiteró en nombre de la democracia y del "voto útil" ante la insistente pregunta del periodista de Ecuadorinmediato quien le planteó si pensaba renunciar a su candidatura.

Este súbito apoyo a la candidatura de Rodas, justo en momentos en que salió mal parado de un debate con Augusto Barrera, le mereció al hombre del corbatín el llamado de atención de Humberto Cholango, presidente de la Confederación de Nacionalidades Indígenas (Conaie) que desautorizó a Castillo para hacer semejante planteamiento a nombre de Pachakutik.

Es extraño que otros dirigentes –que se caracterizan por la profusión verbal y la escasez conceptual- como Lourdes Tibán no hayan salido a poner en su sitio a Castillo, que seguramente no llegará a la alcaldía de Quito, pero que quedará en la historia política del Ecuador como una triste anécdota.

viernes, 22 de noviembre de 2013

Cómo sobrevivir un mes sin celular y no morir en el intento


Los teléfonos celulares se han convertido prácticamente en un implemento casi imprescindible para la gente. ¿Puedes concebir salir de tu casa sin el teléfono móvil? No, ¿cierto? El punto de incidencia de este aparato es tal que ya la ciencia cataloga como nomofobia al miedo irracional a salir de casa sin el móvil. Otra patología de estos tiempos es la hiperconectividad, que es la necesidad de pasar todo el día conectado, pues el teléfono, además de cumplir la función primaria que es recibir y hacer llamadas tiene otra infinidad de funciones entre las que están el whats app, el messenger, vídeos, música, correos electrónicos, hacer fotos y videos, el facebook y así ad infinitum...
¿De qué va toda esta intro? Hace unos días una compañera de trabajo y buena amiga perdió su móvil. Hasta hoy (y ha pasado más de un mes) no sabe cómo se le extravió, si se lo chorearon, si se le cayó en una alcantarilla o en el excusado. Como mi amiga estaba chira y aún le faltaba de descontar tres cuotas del celular de última tecnología que se le perdió, por lo que vivió unas cuantas semanas sin el artilugio le pedí que cuente su experiencia de vivir desconectada, es el texto que va a continuación.
(Sobre) Viví un mes sin celular
Evitar momentos incómodos no es tan fácil sin el teléfono celular en la mano. Era lo primero que me ayudaba a soportar la perturbadora sensación de esperar en un ascensor o caminar sola por algún lugar abarrotado de desconocidos. Y qué decir de las largas filas o en algún sitio público a la espera de alguien.
Empecé a buscar nuevas formas de distraerme y disimular mi soledad. Leía las etiquetas de los frascos, me tomaba todo el tiempo necesario para lavarme las manos en el baño, me imaginaba las conversaciones de las personas alrededor, escribía garabatos en algún papel.
No recuerdo cómo era mi vida sin el teléfono celular, cómo programábamos las citas, cómo solucionábamos problemas, cómo avisábamos que íbamos a llegar tarde. Pero en esta primera semana he aprendido a soportar la ausencia de mi Samsung S3, que desapareció misteriosamente la tarde de un lunes mientras regresaba a casa.
Tal era mi adicción al celular que creo que aquel día lo dejé en el baño. Sí, iba al baño con el teléfono en la mano. Lo tenía apenas 3 meses. No he terminado de pagarlo. Lo compré porque hace tres meses me asaltaron y me arrebataron mi Samsung S2 y, por presumida, inmediatamente me compré un modelo mejor, alegando que me ayudaría en las cuestiones laborales. Pero solo era por justificar mi gasto, a la final solo lo utilizaba para chatear y revisar las redes sociales. ¿Para qué un teléfono inteligente si no iba a aprovecharlo? Ni si quiera conocí los beneficios del rastreo satelital, no puse la información en la nube, perdí absolutamente todo.
Pero bueno, el tema ahora es que en esta primera semana he aprendido a soportar la ausencia del celular. Es más, puedo asegurar que me siento algo libre cuando camino por la calle o voy a algún lado. La paranoia de que me roben o se me pierda ha desaparecido y eso me ha ayudado a estar más tranquila. ¿Qué lo extraño? Claro que lo extraño. Parece que inmediatamente dejé de tener amigos y vida social. No sé nada de nadie.
Con el paso de los días ya empezó a afectarme. Definitivamente no puedo estar desconectada, sobre todo en momentos de emergencias. Salí de casa tarde porque no tenía una alarma que me despierte, no sabía que hora era, mi reloj-alarma era mi teléfono. ¿Cómo avisar en el trabajo que iba a llegar tarde? Intenté llamar al teléfono de la oficina, ni si quiera me acordaba cómo marcar, tomé el teléfono inalámbrico de mi casa, me quedé frente a las grandes teclas un par de minutos. No me sabía el número. Lo tenía en mis contactos del celular, igual que los más de 300 números que guardé por cuestiones laborales. Nunca los pasé a ninguna agenda, ni nada. Perdí todo. Y en el mundo periodístico no tener contactos es como para un tenista no tener raqueta.
Dos semanas después llegó la idea de comprar uno nuevo, pero aún no terminaba de pagar el anterior. Vaya dilema.
Estudios indican que una persona tarda 21 días en adquirir o dejar un hábito. Yo empezaba a acostumbrarme a vivir sin celular. Regresé a la época de “nos vemos a las 5pm” y es “nos vemos a las 5pm”, no hay otra opción. El teléfono fijo de mi casa volvió a tener uso. Me di cuenta que las cuentas ya no son tan altas como antes, esta vez ya no tuve que escuchar los gritos de mis papás preguntando quién había hecho una llamada a celular. Pero no soportaba el hecho de tener que hablar por teléfono convencional: las orejas recalentadas, nunca encontrar una posición cómoda, perderse los programas de televisión. ¡Qué manera de extrañar los mensajes del Whatsapp! Con ellos solucionabas todo en un par de líneas. Necesitaba un celular urgente. Pero NO, no me iba a volver a comprar uno nunca más en mi vida. Decía.
No sé cómo me localizaron los de Movistar, pero me encontraron. Intentaron convencerme de mantener mi cuenta, mi línea, mi plan. No, gracias, no quiero nada. ¿Por qué no quería un plan de celular? Pues porque NO TENGO CELULAR.
Basta no tener ese aparato para darse cuenta lo estúpido que uno se ve pegado al teléfono todo el día. Es desesperante conversar con alguien que esté mirando su pantalla todo el tiempo. La habilidad de escribir mensajes, responder mails, revisar Twitter y Facebook mientras se desarrolla una conversación es realmente desagradable. Claro, no me había dado cuenta porque yo también pasaba pegada al celular sin notar que es una falta de respeto para la persona que está hablando. Mientras mi amiga chequeaba todas sus redes sociales yo seguía conversando con ella… o sola… apenas regresaba a verme y asentía con la cabeza. Ni si quiera me estaba escuchando.
Llegué a la conclusión que si me compro un nuevo teléfono nunca lo voy a sacar de mi cartera en una reunión de amigos, cenas, nada. Alguna lección me quedó.
Pasó un mes. No aguanté más. Me llegó a la oficina el chip con mi mismo número, aún no tenía dónde colocarlo. Inmediatamente ingresé a una página web para comprar un celular nuevo, ya no soportaba más. El dilema de volver al mundo de los robots, que el celular maneje mi vida, apareció. Pero esta vez no pude irme contra el mundo. Saluden a mi nuevo Samsung S3mini.