jueves, 13 de noviembre de 2014

El doble estándar de Ecuavisa: sensible con los banqueros, estigmatizante con los humildes

Recientemente me llamó poderosamente la atención la sensibilidad del canal privado Ecuavisa ante un video ordenado por la Secretaría de Comunicación que hacía una representación de la libertad acosada por un grupo de banqueros y empresarios de la información (dueños de medios).

Si bien, Ecuavisa transmitió la pieza comunicacional (el lunes 10 de noviembre), antes de su difusión emitió un mensaje de rechazo e incluso amenazó al funcionario competente que ordenó la publicación.

"Este canal considera que su contenido intenta polarizar a la opinión pública estigmatizando negativa y deliberadamente a varios sectores de la sociedad", indicó Ecuavisa.

Esos “varios sectores de la sociedad” que menciona el canal propiedad de Xavier Alvarado Roca, amigo del banquero aspirante a presidente Guillermo Lasso, y de la rancia oligarquía de Guayaquil, no son otros que banqueros y propietarios de medios, sectores que tradicionalmente se han hecho favores y se han cuidado las espaldas, mutuamente.

No fue necesario hacer un ejercicio de memoria para recordar que el 18 de mayo de este año, el Canal del Cerro, a través de su programa estrella, “de investigación”, Visión 360, calificó a toda una población, Muisne (casi 30.000 habitantes), con el calificativo de “la isla del terror”, estigmatizando, ahí sí, a un sector de la sociedad, que no por humilde –y de origen negro- sea menos respetable.

Ecuavisa promocionó el reportaje de Hernán Higuera como una investigación sobre la situación del cantón esmeraldeño tras el asesinato de Walker Vera, alcalde electo que no pudo asumir su cargo.

Lo más grave del asunto es que pese a reiteradas solicitudes de rectificación y rechazo, ni Ecuavisa ni la presentadora Tania Tinoco tuvieron la decencia de ofrecer disculpas por la –a todas vistas- ofensas a la población afro. El canal simplemente borró el promocional. Tania Tinoco…silencio.

Días después (27 de mayo), y tras el reiterativo reclamo de la gobernadora de Esmeraldas, Paola Cabezas, Ecuavisa emitió su rectificación y excusas.

Por estas contradicciones, choca escuchar al record Guinness, Alfonso Espinosa, arguyendo que el mensajede la SECOM no es información sino un “mensaje dramatizado con una intención” y que pretende “polarizar a la opinión pública estigmatizando negativa y deliberadamente a varios sectores de la sociedad”. 

¿Y los 30.000 habitantes de Muisne? ¿Por ser negros y humildes, y no ser amigos del dueño de Ecuavisa, no importa que se los estigmatice?

El escandaloso promocional de Visión 360 tampoco es información, es empaquetar la información como un espectáculo con el objetivo de acaparar raiting: es decir, puro y simple amarillismo.

El lenguaje sigue siendo uno de los principales instrumentos de la violencia simbólica. Las palabras y los conceptos se utilizan conscientemente para violentar la capacidad cognitiva de las grandes masas de la población, para confundir las mentes, y en última instancia para imponer significados que se contradice con la realidad, decía el catedrático de comunicación Víctor Romano (citado en el libro Medios Violentos, del periodista español Pascual Serrano).

@relicheandres

lunes, 29 de septiembre de 2014

30-S- La memoria, el mejor antídoto contra el cinismo

La leyenda en la placa de Froilán Jiménez luce descolorida cuatro años despues de su absurda muerte. / Foto: Andrés Reliche

El tráfico es intenso en este sector de Quito donde se levanta el hospital de la Policía Nacional, las antiguas y las nuevas oficinas de Criminalística, un bloque de edificios de consultorios médicos y el Regimiento Quito #1.

Los transeúntes transitan apresurados para no llegar tarde a sus destinos. En un muro que separa los carriles de la Avenida Mariana de Jesús y que conecta la avenida Occidental con la citada vía están dos placas, una con el nombre de Jacinto Cortez y otra de Froilán Jiménez.

Un niño de unos nueve años de edad hala el brazo de su mamá –que como todos camina apresurada- y apunta hacia la placa de Cortez: “ese es el soldado que murió por rescatar al presidente”, le dice.

No alcancé a escuchar, por el ruido de los vehículos que circulan por el sitio, lo que le respondió la mamá al chico, pero me hizo reflexionar –como lo hago cada vez que paso y veo cierta indiferencia de los transeúntes en dicho lugar- que el tiempo no siempre borra los recuerdos. Y que hay hechos que quedan latentes como heridas abiertas en la memoria.

Y pienso en esos hombres que murieron, efectivamente, en un operativo para rescatar al presidente Rafael Correa (elegido democráticamente en noviembre de 2006) que estuvo retenido por horas en uno de los pisos del Hospital de la Policía Nacional. Y pienso en sus familias, en sus madres, en sus esposas, en sus hijos, en sus amigos. Pienso en sus sueños, y en su patriotismo. Y como en un encadenamiento natural, pienso en el cinismo.

Sí. En el cinismo de quienes se empeñan en asegurar que el 30-S no pasó nada. Que la culpa es del presidente por –como es su estilo- enfrentar directamente los problemas, sin intermediarios. Que por qué se fue a meter en la boca del lobo, dicen. Que por qué ningún policía insubordinado hizo caso al llamado del presidente Correa de que le peguen un tiro (pero que no jueguen con la democracia). Que la culpa es del oficialismo por no socializar el contenido de la Ley de Servicio Público (que según la versión de la oposición amplificada por ciertos medios privados perjudicaba los bonos y beneficios de la Policía Nacional y las Fuerzas Armadas).

El cinismo de quienes a las 11:00 en pleno frenesí de violencia de policías que se sublevaron contra sus mandos superiores (y parecían obedecer órdenes que apuntaban al caos organizado) exigían la renuncia del presidente de la República.

El cinismo de quienes antes del mediodía ya exigían la amnistía para los involucrados en los sucesos de triste recordación que dejaron muertes inocentes y absurdas. El cinismo de un grupo de diputados y diputadas de oposición que se reunieron en un hotel de la zona turística de Quito y embriagados se presentaron a una rueda de prensa para apoyar el pedido de amnistía.

El cinismo de quienes preguntan una y otra vez ¿quién ordenó disparar? Como para desviar la atención de los verdaderos responsables de tanta estupidez disfrazada de reclamo salarial.

Sin embargo, el coronel Luis Castro, comandante de las Fuerzas Especiales, que participó en el operativo de liberación del presidente Correa, dijo a la Televisión Pública que fueron recibidos por francotiradores apostados en el hospital en el que se encontraba el gobernante y otros dignatarios del Estado.

Pienso en el cinismo de quienes rompiendo puertas irrumpieron en la Televisión Pública supuestamente para que se los escuche.

En el cinismo de quien, valiéndose de su (entonces) inmunidad parlamentaria se atrevió a presentar una denuncia penal donde aseguraba que el Jefe de Estado había salido del hospital de la Policía para trasladarse a un recinto cercano y que luego se había vuelto a meter a la casa de salud para fingir un secuestro.

El cinismo de un sujeto que, parapetado en su condición de (supuesto) periodista advirtió al Presidente que sería juzgado por cometer un delito de lesa humanidad (un informe de la Cruz Roja Internacional estableció que el 30-S no se registró ningún delito que cayera en esa figura).

El cinismo de quienes dicen que todo fue un show montado por el gobierno para victimizarse. Un informe de la Organización de las Naciones Unidas señala que los hechos registrados el 30-S significaron “una amenaza al orden constitucional y democrático”.

El cinismo de ciertos medios que ocultaron la movilización ciudadana que caminó desde el Palacio de Carondelet (en el centro de Quito, donde años atrás se echó a tres presidentes) hasta el hospital policial para rescatar y exigir la liberación del gobernante.

Fui testigo de varios hechos que hace que rechace el cinismo. Ví con mis propios ojos los impactos de fúsil en los vehículos que fueron parte del rescate del presidente Correa desde el Hospital, que junto al puente de la Mariana de Jesús y el edificio de Criminalística fue parte de los tres puntos de fuego activo desde donde se atacó vilmente a quienes pedían la liberación de Correa. 

La Comisión investigadora del 30-S determinó que desde los sitios citados arriba se produjo la mayor cantidad de volumen de fuego (de uno de estos puntos salieron los proyectiles que acabaron con la vida de Froilán Jiménez).

Fui el periodista que publicó los audios en los que en repetidas ocasiones se llamaba a matar a Correa "para que se acabe esto". Audios de la radiopatrulla policial en el que se exigía que "el man no sale vivo, que "maten a Correa y lo lleven a otro lado".
En uno de los pisos de este hospital estuvo retenido el presidente Rafael Correa el 30 de septiembre de 2010. 

La memoria es el mejor antídoto para el cinismo. Y vale no olvidar en estos días en que con otros pretextos (la supuesta desaparición del Instituto de Seguridad Social de las Fuerzas Armadas -ISSFA- y de la Policía -ISSPOL-) se quiere azuzar a los uniformados. Vale no olvidar en momentos en que un nefasto banquero, superministro de un nefasto gobierno, anda como loco en su intención de llegar a la Presidencia y nos advierte sobre una serie cucos (impuestos, falta de libertades, etc.). 

Vale no olvidar en momentos en que una organización política que lucró de la educación y que llevó al desastre a ese servicio público  pugna por retomar sus prebendas con oscuros fines. 

A cinco años de la revuelta policial del 30 de septiembre, la justicia ha sentenciado a 251 personas, de las cuales 179 han sido declaradas culpables y al resto se les ratificó la inocencia. Las investigaciones del Ministerio Público fueron extendidas en 19 de las 24 provincias ecuatorianas llegando a tramitar 74 casos. Entre ellos 41 aún están activos mientras que 11 están en indagación previa y tres en instrucción fiscal, según confirmó recientemente el fiscal Galo Chiriboga.

Actualmemente, la placa de Froilán Jiménez luce descolorida y solo es posible distinguir su rostro y su nombre. El de Jacinto Cortez, no tanto. La gente sigue pasando apurada quién sabe hacia qué destinos, Pero el niño que caminaba de la mano de su mamá una mañana soleada en Quito sí los recuerda. Yo también. No hay espacio para el cinismo. 

martes, 24 de junio de 2014

Balance preocupante: Inconsistencias, falta de rigurosidad y lugares comunes en informe de RSF sobre libertad de expresión en Ecuador

Este martes circuló un informe de la organización Reporteros sin Fronteras donde se exponen varios casos de supuestas agresiones a periodistas. Una lectura a vuelo de pájaro permite hallar inconsistencias en este informe que evidencian la falta de rigurosidad y de contrastación en el mismo. Por ejemplo, registrar como amenaza contra un reportero el hecho de que una persona permaneció de pie frente a su domicilio. O que otra persona le haya preguntado a este mismo periodista si su casa está en venta. Otra “agresión” registrada por RSF es que un tuitero que se caracteriza por su procacidad haya anunciado que se retiraba “del debate” en redes porque había sido amenazado. Este tuitero sigue campante, activo y continúa intrigando e insultando en nombre de la libertad de expresión.
Es vergonzoso que Reporteros sin Fronteras catalogue como “periodista de investigación” a un exsindicalista petrolero, asesor de un asambleísta de oposición -prófugo de la justicia- y activista político. Reporteros sin Fronteras no ha revelado en que se basó para determinar todos estos casos en la categoría de agresiones, de por sí otra exageración.
En su informe, RSF justifica que Ecuador haya mejorado 25 puestos en su clasificación mundial de la libertad de prensa debido a que otros países empeoraron y –de paso- advierte que la edición 2014 es retroactiva por lo que las “agresiones” mencionadas más arriba afectarán la edición 2015.
Reporteros sin Fronteras no se termina de poner de acuerdo sobre qué mismo pasa en Ecuador respecto a la libertad de expresión y cae en el simplismo de asignar los roles estereotipados: periodistas "libres e independientes", "oprimidos" -buenos-, gobierno "todopoderoso", "controlador", "represivo" -malo, malísimo-.
Y no se terminan de poner de acuerdo porque en la misma edición sobre la clasificación mundial de la libertad de expresión (febrero 2014), RSF afirmaba que la Ley -a la que ahora crítica-  es un arma legal frente a los medios de comunicación privados que con frecuencia son agresivos y se desprestigian entre ellos mismos.
En noviembre de 2013, Benoit Herviu, director para las Américas de Reporteros sin Fronteras, decía que en Ecuador existe polarización lo que no significa que no exista libertad de expresión y hacía una crítica directa a la organización a la que representa: que por muchos años no mostró los dos lados de la información (lo cual exime de cualquier comentario adicional).   



La información y el contenido multimedia, publicados por la Agencia de Noticias Andes, son de carácter público, libre y gratuito. Pueden ser reproducidos con la obligatoriedad de citar la fuente.http://www.andes.info.ec/es/noticias/medios-privados-ecuador-son-agresivos-desprestigian-entre-ellos-mismos-reporteros-sin

LA POLICÍA ALLANA LA CASA DE UN PERIODISTA DE INVESTIGACIÓN
La policía allanó violentamente y sin razón la casa de Fernando Villavicencio, periodista de investigación del portal digital Plan V; le confiscaron ordenadores, tabletas y teléfonos móviles. La medida fue ordenada por el Fiscal José Luis Jaramillo y el Juez de la Corte Nacional Jorge Blum. El periodista había publicado reportajes sobre casos de corrupción en los que estarían involucrados funcionarios. El presidente Rafael Correa afirmó al día siguiente que la Ley Orgánica de Comunicación justifica que las fuerzas de la policía recurran a la violencia.

BLOGUERO AMENAZADO EN TWITTER

El bloguero Carlos Andrés Vera, conocido en Twitter por su oposición al gobierno, anunció que dejaría de participar en el debate debido a que otro usuario de la red social lo amenazó con hacerle daño a su familia.
Carlos Andrés Vera sigue en twitter, sigue participando en “el debate”, sigue intrigando e insultando en nombre de la libertad de expresión.
Para aumentar el número de agresiones suma los casos de “descredito” de Martha Roldós, Juan Carlos Calderón y Cristian Zurita por su intención de crear una agencia de noticias.
Pone a Fernando Villavicencio, ex sindicalista petrolero, activista político como “periodista de investigación”.
Registra como amenazas el hecho de que hayan ido al domicilio de Juan Carlos Calderón a preguntar si estaba en venta. Registra como amenaza el hecho de que un individuo se haya parado frente a la casa de Juan Carlos Calderón.

IMPIDEN QUE UN PERIODISTA CUBRA UN EVENTO OFICIAL

Un periodista del diario La Hora fue expulsado violentamente de una reunión de funcionarios; destruyeron sus notas.
No dice que la reunión era privada y que el periodista se infiltró en la misma. Se basa solo en el testimonio del supuesto afectado para asegurar que le destruyeron sus notas.

CORREA, LOS MEDIODS ECUATORIANOS SON "CORRUPTOS Y MANIPULADORES"

En una cadena (enlace ciudadano núm. 368), Rafael Correa calificó a los medios de comunicación ecuatorianos de corruptos y manipuladores. Insultó directamente a algunos periodistas: Roberto Aguilar, del diario Hoy; Gonzalo Rosero, de Radio Democracia; el caricaturista Xavier Bonilla; Diego Oquendo, de Radio Visión; Simón Pachano, del periódico El Universo, y Fernando Villavicencio, del diario La Vanguardia.

Registra como agresión un criterio del presidente de la república en su libre ejercicio de la libertad de expresión. 

martes, 18 de febrero de 2014

El hombre del corbatín o el insólito caso del candidato que no votará ni por él mismo

A dos días del cierre de la campaña electoral, y en la víspera de la elección seccional del domingo 23 de enero donde los ecuatorianos deberán elegir a más de cinco mil dignidades (alcaldes, prefectos, presidentes de juntas parroquiales) los comicios adquirieron una característica que roza en el realismo mágico.

Estuve hurgando en la memoria para tratar de hallar un hecho que se le asimile al que voy a relatar, pero realmente no lo encontré. Se trata del pintoresco candidato a la alcaldía de Quito por Pachakutik, Milton Castillo, que había pasado desapercibido durante el periodo de campaña electoral, pero que este martes cobró notoriedad al pedir a los ciudadanos que voten por Mauricio Rodas, postulante del movimiento de centro derecha (más de derecha, realmente).

“Yo no he renunciado a mis principios, tengo profundas diferencias con el candidato Rodas, yo voy a votar por Rodas”, dijo Castillo a Ecuadorinmediato.

Incluso, Castillo, que se ha paseado por los barrios de Quito luciendo un singular corbatín (que hace recordar al no menos pintoresco candidato guayaquileño Humberto Mata), pidió a sus amigos que no voten por él, que voten por Mauricio Rodas.

“Yo votaré personalmente por Mauricio Rodas”, reiteró en nombre de la democracia y del "voto útil" ante la insistente pregunta del periodista de Ecuadorinmediato quien le planteó si pensaba renunciar a su candidatura.

Este súbito apoyo a la candidatura de Rodas, justo en momentos en que salió mal parado de un debate con Augusto Barrera, le mereció al hombre del corbatín el llamado de atención de Humberto Cholango, presidente de la Confederación de Nacionalidades Indígenas (Conaie) que desautorizó a Castillo para hacer semejante planteamiento a nombre de Pachakutik.

Es extraño que otros dirigentes –que se caracterizan por la profusión verbal y la escasez conceptual- como Lourdes Tibán no hayan salido a poner en su sitio a Castillo, que seguramente no llegará a la alcaldía de Quito, pero que quedará en la historia política del Ecuador como una triste anécdota.

viernes, 22 de noviembre de 2013

Cómo sobrevivir un mes sin celular y no morir en el intento


Los teléfonos celulares se han convertido prácticamente en un implemento casi imprescindible para la gente. ¿Puedes concebir salir de tu casa sin el teléfono móvil? No, ¿cierto? El punto de incidencia de este aparato es tal que ya la ciencia cataloga como nomofobia al miedo irracional a salir de casa sin el móvil. Otra patología de estos tiempos es la hiperconectividad, que es la necesidad de pasar todo el día conectado, pues el teléfono, además de cumplir la función primaria que es recibir y hacer llamadas tiene otra infinidad de funciones entre las que están el whats app, el messenger, vídeos, música, correos electrónicos, hacer fotos y videos, el facebook y así ad infinitum...
¿De qué va toda esta intro? Hace unos días una compañera de trabajo y buena amiga perdió su móvil. Hasta hoy (y ha pasado más de un mes) no sabe cómo se le extravió, si se lo chorearon, si se le cayó en una alcantarilla o en el excusado. Como mi amiga estaba chira y aún le faltaba de descontar tres cuotas del celular de última tecnología que se le perdió, por lo que vivió unas cuantas semanas sin el artilugio le pedí que cuente su experiencia de vivir desconectada, es el texto que va a continuación.
(Sobre) Viví un mes sin celular
Evitar momentos incómodos no es tan fácil sin el teléfono celular en la mano. Era lo primero que me ayudaba a soportar la perturbadora sensación de esperar en un ascensor o caminar sola por algún lugar abarrotado de desconocidos. Y qué decir de las largas filas o en algún sitio público a la espera de alguien.
Empecé a buscar nuevas formas de distraerme y disimular mi soledad. Leía las etiquetas de los frascos, me tomaba todo el tiempo necesario para lavarme las manos en el baño, me imaginaba las conversaciones de las personas alrededor, escribía garabatos en algún papel.
No recuerdo cómo era mi vida sin el teléfono celular, cómo programábamos las citas, cómo solucionábamos problemas, cómo avisábamos que íbamos a llegar tarde. Pero en esta primera semana he aprendido a soportar la ausencia de mi Samsung S3, que desapareció misteriosamente la tarde de un lunes mientras regresaba a casa.
Tal era mi adicción al celular que creo que aquel día lo dejé en el baño. Sí, iba al baño con el teléfono en la mano. Lo tenía apenas 3 meses. No he terminado de pagarlo. Lo compré porque hace tres meses me asaltaron y me arrebataron mi Samsung S2 y, por presumida, inmediatamente me compré un modelo mejor, alegando que me ayudaría en las cuestiones laborales. Pero solo era por justificar mi gasto, a la final solo lo utilizaba para chatear y revisar las redes sociales. ¿Para qué un teléfono inteligente si no iba a aprovecharlo? Ni si quiera conocí los beneficios del rastreo satelital, no puse la información en la nube, perdí absolutamente todo.
Pero bueno, el tema ahora es que en esta primera semana he aprendido a soportar la ausencia del celular. Es más, puedo asegurar que me siento algo libre cuando camino por la calle o voy a algún lado. La paranoia de que me roben o se me pierda ha desaparecido y eso me ha ayudado a estar más tranquila. ¿Qué lo extraño? Claro que lo extraño. Parece que inmediatamente dejé de tener amigos y vida social. No sé nada de nadie.
Con el paso de los días ya empezó a afectarme. Definitivamente no puedo estar desconectada, sobre todo en momentos de emergencias. Salí de casa tarde porque no tenía una alarma que me despierte, no sabía que hora era, mi reloj-alarma era mi teléfono. ¿Cómo avisar en el trabajo que iba a llegar tarde? Intenté llamar al teléfono de la oficina, ni si quiera me acordaba cómo marcar, tomé el teléfono inalámbrico de mi casa, me quedé frente a las grandes teclas un par de minutos. No me sabía el número. Lo tenía en mis contactos del celular, igual que los más de 300 números que guardé por cuestiones laborales. Nunca los pasé a ninguna agenda, ni nada. Perdí todo. Y en el mundo periodístico no tener contactos es como para un tenista no tener raqueta.
Dos semanas después llegó la idea de comprar uno nuevo, pero aún no terminaba de pagar el anterior. Vaya dilema.
Estudios indican que una persona tarda 21 días en adquirir o dejar un hábito. Yo empezaba a acostumbrarme a vivir sin celular. Regresé a la época de “nos vemos a las 5pm” y es “nos vemos a las 5pm”, no hay otra opción. El teléfono fijo de mi casa volvió a tener uso. Me di cuenta que las cuentas ya no son tan altas como antes, esta vez ya no tuve que escuchar los gritos de mis papás preguntando quién había hecho una llamada a celular. Pero no soportaba el hecho de tener que hablar por teléfono convencional: las orejas recalentadas, nunca encontrar una posición cómoda, perderse los programas de televisión. ¡Qué manera de extrañar los mensajes del Whatsapp! Con ellos solucionabas todo en un par de líneas. Necesitaba un celular urgente. Pero NO, no me iba a volver a comprar uno nunca más en mi vida. Decía.
No sé cómo me localizaron los de Movistar, pero me encontraron. Intentaron convencerme de mantener mi cuenta, mi línea, mi plan. No, gracias, no quiero nada. ¿Por qué no quería un plan de celular? Pues porque NO TENGO CELULAR.
Basta no tener ese aparato para darse cuenta lo estúpido que uno se ve pegado al teléfono todo el día. Es desesperante conversar con alguien que esté mirando su pantalla todo el tiempo. La habilidad de escribir mensajes, responder mails, revisar Twitter y Facebook mientras se desarrolla una conversación es realmente desagradable. Claro, no me había dado cuenta porque yo también pasaba pegada al celular sin notar que es una falta de respeto para la persona que está hablando. Mientras mi amiga chequeaba todas sus redes sociales yo seguía conversando con ella… o sola… apenas regresaba a verme y asentía con la cabeza. Ni si quiera me estaba escuchando.
Llegué a la conclusión que si me compro un nuevo teléfono nunca lo voy a sacar de mi cartera en una reunión de amigos, cenas, nada. Alguna lección me quedó.
Pasó un mes. No aguanté más. Me llegó a la oficina el chip con mi mismo número, aún no tenía dónde colocarlo. Inmediatamente ingresé a una página web para comprar un celular nuevo, ya no soportaba más. El dilema de volver al mundo de los robots, que el celular maneje mi vida, apareció. Pero esta vez no pude irme contra el mundo. Saluden a mi nuevo Samsung S3mini.

miércoles, 9 de octubre de 2013

La Sociedad Interamericana de Prensa añora los buenos tiempos de las dictaduras de derecha

Un viejo y conocido dicho jurídico señala: "A confesión de parte, relevo de prueba". La frase encaja perfectamente con las recientes declaraciones de un pájaro de alto vuelo de la inefable Sociedad Interamericana de Prensa (SIP). Al sujeto de marras, Claudio Paolillo, presidente de la Comisión de la Libertad de Prensa del cartel de propietarios de periódicos y revistas, parece haberle traicionado el subconsciente y acaba de declarar que en las épocas de la dictaduras de derecha (apoyadas ¡oh coincidencia, por la misma potencia que apoya a la SIP!) eran mejores tiempos para estos gremios.

Comparto el artículo que escribí el martes para la agencia Andes: 

Claudio Paolillo, presidente de la Comisión de la Libertad de Prensa de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), ha manifestado este martes que la situación para los medios de comunicación en la época de las dictaduras de derecha era “más clara” que en la actualidad.

En una entrevista con diario El Comercio de Lima (publicada este martes), Paolillo comparó a los gobiernos progresistas de América Latina con 'un cáncer bolivariano que se expande como metástasis’.

Consultado respecto a las propuestas de algunos gobiernos de izquierda para regular a la prensa a través de leyes, el directivo opinó que es posible alcanzar los valores en la prensa sin la necesidad de normativas y expuso que, a diferencia de la época de las dictaduras de derecha, en la actualidad es difícil combatir ese tipo de iniciativas.

“Lo que pasa es que la dificultad para combatir estas iniciativas es mucho mayor que con las antiguas dictaduras militares de derecha. Esas simplemente cerraban el diario, mataban al dueño, proscribían o mandaban al exilio al periodista, era todo mucho más claro”, comentó Paolillo a diario El Comercio. 

A criterio del directivo de la SIP, antes, las dictaduras militares trataban de restringir la libertad de expresión o simplemente la suprimían, ahora, esto lo están haciendo los gobiernos electos democráticamente.  

Paolillo considera que los gobiernos de izquierda, entre los que citó a Ecuador, proponen leyes con la etiqueta de valores como salvaguardar el honor de las personas, promover la igualdad, proteger la salud mental de los niños, promover la verdad, equilibrio informativo, etcétera.

Pero cree que el problema es que en nombre de esas palabras se limita la libertad de expresión. Y cuestiona que la protección de todos esos valores está a cargo de “burócratas que responden directamente al líder y que nos dicen qué podemos leer y qué no, qué podemos ver y escuchar y qué cosas no”.

“Ellos piensan por nosotros, en definitiva, nos censuran. El caso más explosivo, más tremendo, es Ecuador, donde todos los días hay noticias muy negativas para la libertad de expresión. Allí, estas cosas se están aplicando de una manera peor incluso que en Venezuela”, manifestó.

La SIP es la asociación de propietarios, editores y directores de periódicos y agencias informativas de América. La organización, que representa a más de 1.300 periódicos, fue fundada en 1943 en La Habana.
Juan Alberto Bozza, profesor de la Universidad Nacional de La Plata (Argentina), sostiene que la SIP fue una trinchera anticomunista en la década del setenta y que estuvo aliada a gobiernos norteamericanos. 
Agustín Edwards, dueño del diario El Mercurio al que se lo vincula como cómplice de los abusos de la dictadura de Augusto Pinochet, integra actualmente el Consejo Consultivo de la SIP.


En 2009, la SIP fue objeto de críticas por hacerse de la vista gorda ante el asesinato de 23 periodistas en el régimen de facto de Roberto Micheletti en Honduras.

lunes, 30 de septiembre de 2013

El día que amaneció de golpe en Ecuador

Artículo publicado por la Agencia Venezolana de Noticias (AVN), en octubre de 2010, pocos días después de los tristes hechos del 30-S

Por Raúl Cazal

En tiempos pasados, los “ruidos de sables” —como llamaban al “descontento” en los cuarteles militares— se preparaban y cumplían con sigilo. En tiempos de ahora, los golpes de Estado vienen acompañados de ruidos mediáticos y, sin embargo, agarran desprevenido a más de uno. Como al presidente ecuatoriano Rafael Correa, que el 30 de septiembre se presentó en el cuartel del Regimiento Quito No. 1 de la Policía Nacional para dialogar con los miembros de esa institución sobre la desinformación y manipulación a la que fueron sometidos, mediante panfletos que circularon en días previos, sobre la supuesta eliminación de beneficios que establecía la nueva Ley de Servicio Público.

“Me desayuné con la noticia en la televisión”, relata Andrés Reliche, periodista de política de la agencia estatal Andes. Eran las 8:00 de la mañana cuando se fue a su puesto de trabajo. Pensaba que iba a cubrir las actividades del Presidente, pero su compañera Jacqueline Burbano llegó primero a las instalaciones de la agencia y se fue en tacones al Cuartel de la Policía.

Una hora antes, la directora de Radio Nacional de Ecuador, Giovanna Tassi, se aprestaba a comenzar su programa “Cabina pública”, cuando vio en la televisión “a los chapas (los policías), que estaban medio agitados”.

“Como lo estaba cubriendo Teleamazonas, que es un canal tan escandoloso, no es que no le di importancia, sino que me dije ‘veamos qué pasa’. Hice mi programa y seguían los milicos. Después me dicen que el Presidente va para allá”, rememora Tassi con una sonrisa y mirada vivaz. Y allí ya no tuvo dudas: “Esta jornada durará lo que tenga que durar, pero de aquí no nos movemos.” Y regresó a la cabina para cambiar la programación.

Su jornada duró 14 horas de transmisión ininterrumpidas, sin cortinas, sin cortes comerciales, acompañada de Carlos Flores, jefe de Noticias a nivel nacional, y de Javier Lazo, una de las voces de la radio y televisión pública.

“Esto nos agarró de improviso”, reflexiona Alex Mora, director de Noticias del canal público Ecuador TV, para señalar las dificultades técnicas que confrontaron.
“Poner una microondas en el lugar donde estaba el Presidente nos tomó casi una hora y media. Pero había canales que ya estaban ahí, que tenían puntos de transmisión desde muy temprano en el Regimiento Quito No. 1, y sabían lo que iba a suceder”, detalla Mora.

—¿Qué canales eran?

—Teleamazonas y Canal Uno. Cuando te enteras de algo, creas todo un operativo para tratar de generar transmisiones. Y cuando te enteras de que otros canales estuvieron desde muy temprano, incluso desde la noche anterior, con puntos de transmisión en vivo, es porque ya todo estaba preparado.

—¿En dónde tenían colocados los puntos de transmisión esos canales?

—Tenían sus equipos dentro del Regimiento. Nosotros nunca pudimos ingresar los equipos. Transmitimos desde afuera.

El guión del golpe

Los medios de comunicación privados, sin dejar de lado su programación, informaron del supuesto “descontento” de la Policía Nacional, pero en ningún momento anunciaron que se trataba de un golpe de Estado, a pesar de que los regimientos policiales de todo el país se sublevaron a la misma hora y las carreteras y puentes principales fueron bloqueados. Tampoco lo hicieron cuando la Fuerza Aérea Ecuatoriana (FAE) tomó el Aeropuerto Internacional Mariscal Sucre de Quito y la guardia de seguridad de la Asamblea hizo lo mismo con el parlamento, a donde sólo permitía entrar a los asambleístas de los partidos de oposición, que a su vez arengaban en la calle, desde camionetas de la policía, para que el pueblo se alzara en contra del Gobierno.

“Me atrevería a decir que esta es una guerra de baja intensidad, que tiene picos para mantener la zozobra y el desorden. Esto, por qué no, pudo haber sido un globo de ensayo, para ver dónde hubo las fallas y mejorarlas”, plantea Tassi con el respaldo que le dan sus años de experiencia como periodista. Y sospecha de la oposición, porque no olvida que “está dirigida por ex militares, expertos en inteligencia militar y guerra psicológica”.

Correa intentó entrar al cuartel, pero le fue impedido el paso por un aluvión de empujones y gritos insultantes de los policías. Al fotógrafo que acompañaba al Presidente lo golpearon y le arrebataron la cámara, que luego echaron al centro de unos cauchos que incendiaron en la entrada del Regimiento.

Con sus ánimos ya caldeados, los uniformados pretendieron ir contra los periodistas y camarógrafos de Teleamazonas, que sólo salvaron su integridad y sus equipos “cuando gritaron que no los agredieran, porque ellos estaban ahí para defender y apoyar a la Policía”, comentan los reporteros de Ecuador TV.
Minutos más tarde, Correa regresó al Cuartel y logró entrar al edificio acompañado de su guardia de seguridad y del ministro del Interior, Gustavo Jalkh. Desde el primer piso intentó vanamente dar a conocer los beneficios de la nueva ley y convencer a los uniformados, que constantemente gritaban: “¡Viva Lucio!”, “¡Fuera los cubanos!”, “¡Fuera Chávez!”.

Fue entonces que se escuchó el gríto: “¡Mátenlo!”, “¡Maten al Presidente!”. Todavía frente a las cámaras, Correa hizo una pausa en su discurso, como quien no cree lo que está escuchando, y los retó mientras se desataba la corbata: “Señores, si quieren matar al Presidente, ¡aquí está! ¡Mátenlo si tienen valor! En vez de estar en la muchedumbre cobardemente escondidos. Pero seguiremos con un sola política de justicia y de dignidad”, fueron algunas de sus últimas frases televisadas.

Al momento de retirarse del cuartel, Correa fue rodeado por policías que continuaron con los insultos e intentaron quebrarle su rodilla derecha, recién operada. También le dispararon bombas lacrimógenas a la cabeza. Con crisis de asfixia, fue llevado al Hospital más cercano: el de la Policía, en donde permaneció secuestrado por más de nueve horas.

Tassi recuerda la conversación telefónica que sostuvo con el mandatario desde la cabina de Radio Nacional, retransmitida inmediatamente por Ecuador TV y Telesur, cuando el Presidente le dijo: “Están bajando del techo para venirme a ver”.

—Eso era un mensaje a García. Y por eso lo volvió a repetir: “Giovanna, insisto, están bajando del techo para venirme a ver”. En ese momento dije: “Hay que ir al hospital, hay que proteger la democracia, vamos al hospital…”. No fui demasiado fría en esos momentos, pero nunca insté a un enfrentamiento de hermanos contra hermanos. Dije: “En este momento el corazón del Ecuador está en el tercer piso del Hospital de la Policía, y allá hay que ir”.

—Los periódicos El Comercio y El Universo aseguran que si no fuera por los medios privados, no se hubiera conocido la verdad.

—¿Pero qué verdad? Nosotros estábamos ahí. Es exactamente la misma. Los policías disparando al túnel de hombres, gases lacrimógenos y balas. La verdad es esa. El Presidente estaba prisionero, hubo un intento de golpe de Estado. Y sinceramente tengo mis puntos de interrogación sobre el rol de las Fuerzas Armadas, a pesar de que finalmente, en voz baja, dijeron en la rueda de prensa: “Apoyamos al orden constituido”. Pero así, en voz muy baja. Y dije ante los micrófonos que eso me recuerda a Abdalá Bucarám, cuando las FFAA se mantuvieron a un lado, viendo qué pasaba, para al final entrar en el escenario y decir: “A ver, niños, ahora les enseñaremos cómo hay que ordenar al país y cómo funciona la democracia”. E inmediatamente recuerda Tassi el nombre del general Paco Moncayo, quien estuvo a la cabeza del golpe de Estado de 1996, y que actualmente es asambleísta.

Rescate del Presidente

“La Plaza Independencia estaba llena de personas que espontáneamente habían llegado a apoyar al Presidente”, recuerda Reliche mientras no recibe en la oficina de la agencia de noticias Andes, y menciona como destacable la presencia del canciller Ricardo Patiño, que tomó la decisión de comandar a un grupo de ciudadanos que lo acompañaron a pie hasta el Hospital de la Policía.

Quito es una ciudad de lomas, de subidas y bajadas, además de tener las cuatro estaciones en un mismo día. Al mediodía sube la temperatura y ya es verano. “Unas 800 personas subieron las lomas hasta llegar a la casa de salud donde el Presidente estaba secuestrado”, relata el periodista de política de Andes, y comenta que “en el trayecto se les sumaban más personas, mientras los vecinos, de manera espontánea, iban proveyendo de agua o de un guineo (banano) a los que participaban en la movilización, para que tomaran fuerzas. Esta espontaneidad del pueblo nunca la difundieron los medios privados”.

“No dejaban pasar a los simpatizantes del Presidente que querían rescatarlo”, confesó Víctor Orozco, quien desde hace 25 años tiene un puesto de venta de bebidas y frutas (quincalla) frente al hospital y presenció cómo a quienes avanzaban hacia allá “los repelían con bombas lacrimógenas”.

En esta movilización espontánea hacia el hospital, a primeras horas de la tarde, perdió la vida el estudiante universitario Juan Pablo Bolaños, de 24 años de edad, quien recibió dos tiros de bala: uno en la cabeza y otro en la pierna.

Rafael Correa logró salvar su vida luego de ser rescatado por militares de la Fuerzas Armadas, en combinación con el Grupo de Operaciones Especiales (GOE) y el Grupo de Intervención y Rescate (GIR), ambos de la Policía Nacional, que se mantuvieron leales al Gobierno.

“A mi me quisieron matar. Ustedes saben que yo no dramatizo”, dijo Correa cuando retomó el Enlace Ciudadano No. 190, el sábado siguiente al intento de golpe de Estado, y recordó las amenazas que recibieron —vía telefónica— su esposa y las de sus ministros Patiño y Jalkh. “Hoy día leía la declaración de un infame médico del hospital policial que decía que soy un mentiroso, que nunca estuve secuestrado y que siempre pude salir cuando quisiera”. Sólo que para salir, continuó Correa con ironía, “se necesitaron 600 hombres de las fuerzas especiales, decenas de heridos y cuatro muertos”.

El automóvil utilizado para el rescate del Presidente —que no era blindado— recibió cinco balazos, de un total de 17 que impactaron en los tres autos usados para la liberación.

Medios ecuatorianos y agencias de noticias internacionales se hicieron eco de un correo electrónico emitido por el médico general Gilberto Calle, y de declaraciones del bioquímico farmacéutico Fernando Vargas, ambos del Hospital Quito No. 1, que desmentían que el Presidente hubiera sido secuestrado.

Tanto Calle como Vargas declararon posteriormente a los medios públicos que no estuvieron presentes en el hospital ese día. Quizá sea por ello que en la declaración electrónica no dan cuenta de los más de 200 policías que rodeaban el centro hospitalario, que requisaban los vehículos que de allí salían y que por las radios de sus patrullas llamaban a matar al Presidente; como tampoco de los francotiradores apostados en la azotea de la Morgue de la Policía (ubicada al frente) y de los impactos de bala que recibió el sanatorio, tanto en la planta baja como en el tercer piso, en donde se encontraba Correa.

El grupo élite que participó en la liberación del Presidente recibió instrucciones precisas para rescatarlo con vida: “No disparamos. Si nos disparan, ¡qué pena!”, dijo uno de los comandantes a sus soldados antes la operación.

En el rescate murió el cabo primero Froilán Jiménez, del GOE; mientras que el soldado del Ejército Jairo Panchi Ortiz recibió un disparo que le perforó el pulmón, por no portar el chaleco antibalas. Momentos antes se había desprendido de éste para entregárselo al presidente Correa.

En el lugar donde cayó el soldado Jiménez los ciudadanos decidieron rendirle homenaje dejando ofrendas florales y velas. Un policía Nacional, de los pocos que se veían por las calles de Quito después del intento de golpe de Estado, sensiblemente afectado por sus compañeros muertos, lamentó lo ocurrido.

“Yo no participé porque estaba en mi unidad en Las Shyris (norte de Quito, cerca del aeropuerto). Allí no nos dejaron salir, nos encerraron”, dijo el policía, que prefirió no identificarse y sólo aportó que lleva 11 años en la Policía Nacional y detenta el rango de cabo primero. También dijo desconocer el contenido de la Ley de Servicio Público y que lo poco que sabía era a través de unos “pasquines que decían que se eliminaban las condecoraciones y bonificaciones”. El panfleto le fue “entregado el día anterior (a la sublevación) en las cercanías del Regimiento Quito No. 1”.

“Ya sabemos que esto no fue una reivindicación por pérdidas de beneficios, que, si así hubiera ocurrido, no era esa la forma de reclamar”, reiteró Correa en el Enlace Ciudadano número 190, al lamentar las muertes de soldados y civiles durante la sublevación y en su rescate.
La Policía Nacional cuenta con 42.000 efectivos. Desde que en 2008 el Gobierno hizo una homologación de sueldos en esa institución, el funcionario de menor rango tiene un ingreso mensual de US$ 792 después, mientras que en 2006 ganaba US$ 355. La cesta básica en Ecuador tiene un costo de US$ 280 y el salario digno (mínimo) es de US$ 332.

La prensa miente

El mismo jueves 30 de septiembre a primeras horas de la tarde, en cumplimiento del estado de excepción promulgado por el Gobierno, los militares se apostaron en todas las instalaciones públicas. La Plaza Grande o Independencia estuvo resguardada por un contingente del Ejército, pero era muy sencillo llegar hasta el Palacio de Carondelet, lugar donde despacha el Presidente de Ecuador. Bastaba con mostrar un carnet de prensa para que los soldados te abrieran paso.

Dos días después del intento de golpe de Estado, el Ejército mantenía la misma cantidad de efectivos en la plaza, sólo que esta vez un tumulto de gente estaba ante la puerta lateral de Carondelet. Al principio había una fila más o menos ordenada, hasta que empezaron a entrar las personas acreditadas para participar en el 
Enlace Ciudadano.

Un oficial llamaba por apellido y nombre —en ese orden— a quienes habían quedado rezagados para entrar, mientras otros tantos se agolpaban en la cerca y vanamente intentaban ingresar al Palacio para demostrar, en persona, su apoyo o cariño a Correa.

Como enviado especial de AVN, intenté tomar fotos en medio del tumulto. Eso hacía cuando un militar vestido de campaña, con casco y armamento a cuestas, me llamó a traspasar la barrera de soldados. Pensé que me requisaría la cámara, porque me pidió que me pusiera a un costado, contra una pared, pero lo que hizo fue preguntarme amablemente sobre detalles técnicos de la cámara digital.

La charla fotográfica hizo que pasara el tiempo mientras esperábamos mencionaran nuestros apellidos y nombres. Supuestamente, un funcionario de la Secretaría de Comunicación de la Presidencia nos buscaría en la entrada, pero nadie vino a nuestro encuentro. Para poder entrar a Palacio tuvimos que aplicar el método que vimos antes ejercer a otros: gritar “Prensa”, mostrar el carnet, y abrirnos paso entre las personas que, con empujones, intentaban burlar el cerco de la seguridad militar.

—La prensa miente —gritó una señora al ver que el encargado de seguridad nos permitía entrar. Repitió un par de veces la misma frase, en busca de apoyo en su entorno.

—Somos de Venezuela —le dije y ella, con una sonrisa, aprobó nuestro ingreso.

No fue casual su grito. En agosto de 2010 aparece publicado en internet el estudio “La relación entre el tratamiento mediático corporativo de la contra violencia política y su desligitimación social”, realizado en Ecuador por Ana V. Sánchez para la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, Flacso (organismo internacional creado en 1956 por la Unesco), en donde explica “cómo se puede despolitizar y banalizar un acto político mediante su mediatización y manipulación discursiva”.

Sánchez sostiene que la fabricación de las noticias está en correspondencia con los “intereses estratégicos de los poderes políticos y económicos que poseen o controlan los medios de comunicación”.
Esos medios, en Ecuador, están concentrados en ocho grupos económicos pertenecientes a igual número de familias, destaca una investigación de Guillermo Navarro Jiménez, que forma parte de su libro Los poderes fácticos (2006). Cada uno de estos grupos económicos o familiares posee, por lo menos, una televisora, radios, periódicos y revistas, y siete de ellas están relacionadas entre sí a través de la participación accionaria en sus empresas de comunicación, además de pertenecer a la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP).

El Grupo Pérez controla el diario El Universo y las televisoras Ecuavisa y Univisa. Los diarios Expreso y Extra, así como la Radio Punto Rojo FM, pertenecen al Grupo Martínez, que junto con el Grupo Pérez también es accionista de Vanguardia, revista que se imprime en Minotauro, imprenta delGrupo Vivanco, que controla el diario La Hora y la radiodifusora Planeta FM Stereo. El Grupo Mantilla Mosquera posee el diario El Comercio, el vespertino Últimas Noticias, el Sistema Ecuadoradio y Radio Platinum, mientras que el control del canal Telenacional lo comparte con el Grupo Alvarado, que también participa en Univisa, pero cuyo ámbito de acción, aparentemente, está en las revistas impresas, entre ellas Vistazo y América Economía Ecuador. El Grupo Egas controla Teleamazonas y posee participaciones minoritarias en el diario El Comercio y en Edimpres, del Grupo Mantilla Mosquera. Esta última empresa también es compartida con elGrupo Mantilla Anderson, que además de manejar el diario Hoy, domina Radio Hoy y TVHoy, entre otras empresas de servicios satelitales y de información digital.

El más polémico de estos casos oligopólicos es el del Grupo Egas, cuyos activos principales se encuentran en el campo de la banca. La Constitución Nacional, refrendada por el soberano en 2008, estableció un plazo para disolver toda asociación entre la comunicación social y las finanzas. Así, dice en su artículo 312 que las “entidades o grupos financieros no podrán poseer participaciones permanentes, totales o parciales, en empresas ajenas a la actividad financiera” y expresamente “prohíbe la participación en el control del capital, la inversión o el patrimonio de los medios de comunicación social, a entidades o grupos financieros, sus representantes legales, miembros de su directorio y accionistas”.

“Es un golpe histórico a los poderes fácticos de este país, así que cuidado que van a intentar que no lleguemos hasta octubre, porque en octubre los bancos, que eran dueños de este país y de medio mundo, van a tener que vender todas sus empresas no financieras o, viceversa, van a tener que vender el banco”, señaló el presidente Correa a principios de julio de 2010.

El banquero Fidel Egas debía vender las acciones de Teleamazonas antes del 20 de octubre, y supuestamente transfirió sus valores a un fideicomiso en el que participan un grupo de amigos y conocidos del financista, además de un consorcio español y otro peruano.

“Me gustaba el poder de influencia que uno podía tener para cambiar la sociedad. A todos nos gusta que las cosas funcionen más o menos a nuestra forma de ver y ese fue un camino. Ahora lo dejo sin que, por supuesto, haya alcanzado ni lo más mínimo de lo que era mi sueño”, declaró a El Universo, una semana después de que se perpetrara la intentona golpista.

La investigadora Sánchez sostiene que entre los medios privados de Ecuador existe un consenso periodístico, debido a la fuerte relación familiar de los factores de poder económicos, que tiene como fundamento “la mantención del status quo y de un sistema de poder conveniente a sus intereses de clase”.
Cuando llegó Rafael Correa a la Presidencia, en 2006, Ecuador no contaba con un medio estatal audiovisual. Hace apenas tres años apareció la televisora pública Ecuador TV y su primera transmisión fue con la instalación de la Asamblea Constituyente, el 29 de noviembre de 2007.

Un año después inició transmisiones la Radio Nacional, primero con frecuencias en Quito y Guayaquil, y luego en Cuenca y Manta. Sus instalaciones en la capital ecuatoriana las comparte con la recién creada agencia estatal Andes y los periódicos —también estatales— El Telégrafo yPP.

Las televisoras Gama TV, TC Televisión y Cable Visión fueron incautadas el 8 de julio de 2008, por la Agencia de Garantía de Depósitos de Ecuador (AGD), a los hermanos William y Roberto Isaías, que adeudaban US$600 millones al Estado tras recibir esa cantidad de dinero cuando eran accionistas de Filanbanco, durante la crisis financiera de 1998 y 1999.

Una cadena de información

A partir de las dos de la tarde del día 30, los medios audiovisuales privados se enlazaron con la señal del canal público Ecuador TV, por disposición del Gobierno Nacional. La medida fue catalogada por la oposición mediática como un “apagón informativo”, para generar la matriz de opinión del golpe de Estado.
“La actuación de la televisión pública, en esta crisis, demostró que estuvo ahí para preservar uno de sus valores esenciales, expresados en nuestra guía editorial, en la cual tenemos como misión defender el Estado de derecho”, explica Enrique Arosemena, presidente de Ecuador TV. Arosemena diferencia el papel de la televisión pública en tiempos de paz, cuando promueve espacios plurales “para esas voces que normalmente no se escuchan en la televisión privada”, además de impulsar las políticas públicas.

María Isabel Cevallos, conductora del espacio “Lo Público” en Ecuador TV, donde participa la ciudadanía a través de cartas y llamadas telefónicas, acompañó ese día a Alex Mora en el set de noticias, para llevar las informaciones que minuto a minuto se estaban generando en Ecuador.

“Que se diga ahora que estábamos haciendo proselitismo, siguiendo un guión, es una infamia absoluta”, afirma con indignación Cevallos, y rememora que cerca de las siete de la noche, una turba irrumpió en el canal Ecuador TV y generó destrozos en sus instalaciones y equipos, además de agresiones al personal.
A Cevallos le entristece que los medios privados den voz calificada a personas que para ella “no representan a nadie”, y toma por caso al diarioEl Universo, que publica el sábado 2 de octubre, en una página, una entrevista “con una chica, integrante de las 50 o máximo 70 personas que irrumpieron en el canal público y que, a pesar de no representar a nadie, a esta chica se le da amplia cobertura, como si hubiera sido la heroína de la jornada”.

“La chica de El Universo” a que hace referencia la periodista de “Lo Público”, es María Alejandra Cevallos Cordero, estudiante del cuarto año de Derecho de la Universidad de Los Hemisferios, a quien la turba hizo posible que se expresara a través de Ecuador TV mientras se realizaba la cadena nacional. El rector de esa universidad privada, Alejandro Ribadeneira, se ha opuesto a la nueva Ley de Educación Superior porque supuestamente es “pisoteada con el veto (presidencial)”. Ante los medios de comunicación declaró: “Es una humillación de los asambleístas que se agachan ante el poder del Presidente y dejan que todo pase por el ministerio de la ley, es una actitud vergonzosa. Aquí el único legislador se llama Rafael Correa, los asambleístas de PAIS (partido de la Revolución Ciudadana) son alzamanos”. Dos días antes de la sublevación policial, miembros de esa y otras casas de estudios privadas lanzaron huevos al Palacio de Carondelet en protesta por la Ley.

Sin dejar de lado su indignación, María Isabel Cevallos continúa con la reflexión: “¿Por qué desconocen, en cambio, a los miles de ciudadanos que estuvieron en la Plaza Grande o a las afueras del Hospital de la Policía, que se jugaron la vida, que se enfrentaron desarmados a los policías que disparaban a mansalva, que lo único que exhibían era el amor por la justicia y por la democracia? ¿Por qué El Universo da una página a una persona que no representa a nadie, pero que, sin embargo, parecería caer en el juego de la oposición de que era “el momento”? Porque me acuerdo claramente las palabras que dijo ella (Cevallos Cordero): ‘Creemos que este es el momento oportuno para pedir que Correa se vaya’. Esas palabras a mí me aterraron”.

Los medios invisibilizaron el golpe de Estado, el secuestro e intento de magnicidio del presidente Correa, así como la agresión a los medios públicos. La Unión Nacional de Periodistas (UNP, el equivalente al Colegio Nacional de Periodistas en Venezuela) se solidarizó con todos los periodistas de los medios privados y condenó el “apagón informativo” de la cadena nacional.

“Nunca se solidarizaron con los comunicadores y técnicos de Ecuador TV. ¡Jamás!”, dice con voz firme la periodista Cevallos. “La UNP solamente habla con su discurso político para defender el status quo”.

—¿Los medios privados de comunicación juegan el papel de partidos de oposición?

—No me cabe la menor duda de que pueden estarle haciendo el juego al poder con todos estos manejos mediáticos. Existe una práctica afianzada en los comunicadores sociales: no hay análisis, sino reproducción de un discurso impuesto por quienes son propietarios de medios. A partir de ese discurso, no hay oportunidad para que los ciudadanos podamos decir lo que creemos, sino que nos imponen lo que debemos pensar. Y al invisibilizar sucesos como el ataque a la televisión pública, a la cantidad de actores sociales tan diversos que estuvieron en respaldo a Correa en el hospital, gentes con sillas de ruedas, niños, personas de la tercera edad, mujeres que se sentían beneficiadas por distintos programas del Gobierno, invisibilizarlos es un castigo y un crimen que no entiendo cómo nadie puede criticar y deplorar.

A las ocho de la noche, cuando estaban por rescatar al presidente Correa, Arosemena llamó desde las instalaciones de Ecuador TV a los directivos de Ecuavisa para notificarles que estaban liberados de la cadena nacional y “después de eso se sumaron Teleamazonas y los demás canales de señal abierta”.

A través del portal de noticias Ecuadorinmediato.com se conoció, una hora antes del rescate, que asambleístas de oposición pedían amnistía para todos los miembros de la fuerza policial y protestaban que el Gobierno Nacional había “secuestrado, también, los medios de comunicación” porque supuestamente, según esgrimió Leonardo Viteri, del Partido Social Cristiano, existía ”una sola visión y versión de lo que sucedió en el país”.

Una vez que Correa retornó a Carondelet, cerca de las diez de la noche, se dirigió a la nación frente a una Plaza Grande abarrotada de gente, que asistió espontáneamente con banderas y pancartas en apoyo a la democracia y la Revolución Ciudadana.

A pesar de que la plaza es muy amplia, a Reliche no le sorprendió que los medios privados sacaran sólo un plano cerrado para que no se viera la magnitud de la manifestación en apoyo al presidente Correa, y mucho menos cuando “dijeron que era "un grupo de personas", e incluso algunos se atrevieron a decir que habían sido traídos de otras partes, dando a entender que estaban allí porque estaban pagados por el Gobierno”.

¿Fue necesario que el Presidente se presentara en el cuartel policial? La pregunta la responde Giovanna Tassi después de la resaca informativa implementada por los medios privados de comunicación tras el intento de golpe de Estado.

—Si Correa no se iba al Regimiento Quito No. 1, hoy tuviéramos otro Presidente. El hecho de que él haya ido para allá, le ha cambiado un poco el escenario a los que querían derrocar a Correa, porque esta fue la primera vez que el pueblo salió a la calle para defender a un Presidente. Las otras veces salieron botarlos: para botar a Lucio (Gutiérrez), para botar a Abdalá (Bucaram), para botar a Yamil Mauá. Pero esta vez salió a la calle gente, incluso, que no ha votado por Correa. Los mensajes que nos enviaban a la radio decían: “Yo no tengo trabajo, pero igual lo apoyo”.